La ópera argentina “El Matrero” con música de Felipe Boero y libreto del uruguayo Yamandú Rodríguez vuelve al escenario del Teatro La Comedia el viernes 22 de junio a las 21. La puesta integral (vestuario y escenografía) es protagonizada íntegramente por un elenco de artistas locales, encabezado por Eduardo Mecozzi, Maru Gayol y Jorge Ferrari. La producción es liderada por Graciela Mozzoni.

La iniciativa de llevar adelante esta puesta pertenece a Graciela Mozzoni y arranca desde que siendo alumna del ISA del Teatro Colón la había estudiado y posteriormente audicionó y ganó el concurso para protagonizarla junto a la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario, sin embrago el alejamiento del Maestro Juan Carlos Zorzi de la orquesta dejó inconclusa la posibilidad de hacer esta ópera de temática gauchesca. Durante varios años Graciela Mozzoni pensó en llevar adelante el proyecto de una puesta hasta que finalmente convocando a intérpretes locales se concretará este Jueves 6 de octubre.

El Matrero, cuyo número más conocicdo es la danza de la Media Caña, es una ópera en tres actos cuyo estreno tuvo lugar el 12 de julio de 1929 (se había escrito en 1925) en el Teatro Colón de Buenos Aires y fue dirigida por Héctor Panizza.

Esta ópera es considerada un hito en la historia de la música sudamericana por varias razones, por ejemplo: Felipe Boero fue pionero en utilizar libretos en castellano, la ópera fue interpretada más de cincuenta veces en el Teatro Colón y es una de las obras más representativas del teatro lírico de nuestro país. Está escrita con todos ls elementos del género operístico itlaiano sobre motivos y temática gacuchesca.

Las fotos de este artículo son gentileza del Fotógrafo Lisandro Cárcamo

Reparto:
El Matrero: Eduardo Mecozzi
Pontezuela: Maru Gayol –
Don Liborio: Jorge Ferrari
Zampayo: Marcos Zanetti –
Zoilo: Álvaro Etcheverry –
Liberato: Sebastián Santana –
Panchita: Alicia Caruso –
Jacinta: Valeria Osuna-
Aguará: Paula Mozzoni
Un arriero. Lisandro Cárcamo –

León: Santiago Neivirt –
Peón 1: Mauro Chinellato
Peóm 2: Tomás Galli
China 1 Graciela Mozzoni


18 de junio de 2011
Rosario – Argentina


Argumento
Acto I
La acción se desarrolla en una estancia del litoral argentino. Cae la tarde. En el rancho de don Liborio se celebra una fiesta con guitarras, cantos y taba. Hay clima de alegría pero ronda una inquietud que se instala en las conversaciones: el matrero, que anda por los montes huyendo de la justicia y a quien nadie ha visto aún. Irrumpe Pontezuela seguida de los peones y de Zoilo. Ella, a caballo, ha seguido a un rubio sospechoso que se movía en las sombras.
Los peones, atemorizados, le reprochan su temeridad inútil y le preguntan si no podría tratarse del matrero. Pontezuela se burla de todos los miedos: era tan sólo un nido de hornero caído en la noche. Se oye afuera un preludio de guitarras; es Pedro Cruz, que con voz enamorada viene a buscar a Pontezuela; se anuncia cantor y poeta, y lo reciben con hospitalidad criolla; pero el rudo temperamento de la joven rechaza las delicadezas de su amor romántico.
De pronto se produce alarma general. Zoilo cree haber reconocido en el caballo del cantor, al del Matrero. Todo el paisanaje, facón en mano, rodea al recién llegado; pero Don Liborio, para quien el huésped es sagrado, sale en defensa de su invitado, y mientras la gente se va, llevándose sus temores, el anciano se queda en el rancho vigilando.

Acto II
La siesta. Don Liborio, Pedro Cruz y Zampayo charlan. El poeta se burla de los temores del pago, diciendo que las versiones sobre su persona son invenciones del miedo. Zoilo recoge la ofensa y con facón en mano comienza una disputa; el huésped mantiene una actitud cobarde y tímida. Insiste en conquistar a Pontezuela, quien lo rechaza con dureza. Cruz pide apoyo al viejo; Don Liborio le dice que su hija no ha de unirse al poeta vagabundo, espera para ella un hombre nuevo, trabajador y tranquilo. Pedro Cruz promete dedicarse a las faenas del campo; bajo tal condición el viejo acepta. Llegan en ese momento los peones vecinos, hasta juntarse todo el pago, para buscar al Matrero oculto en el pajonal: lo traerán vivo o muerto. Salen todos menos Cruz, a quien Liborio promete conceder la doncella gaucha.

Acto III
Cae la tarde. Hablan padre e hija. El viejo le ofrece como compañero al cantor. Ella se rebela; no es mujer vulgar; ha luchado y trabajado como hombre y quiere ser la dueña de su elección.
Llega Pedro Cruz y al anunciarle Don Liborio su fracaso, intenta convencerla anunciando su cambio de vida. Pero choca con la verdad: Pontezuela ama a otro. Y con emoción, confiesa que se trata del Matrero. Su alma femenina está prendada de la hazaña y del esfuerzo, del valor y del romance. Don Liborio, al oírla, ordena a sus peones la muerte del perseguido, pero Cruz promete traer a Pontezuela su novio de ensueño.
Prenden fuego al pajonal, las llamas acorralan al prófugo, mientras la muerte lo busca y lo cerca, Pontezuela siente que más lo quiere cuanto más lo persiguen. Entra Pedro, moribundo, exclamando: “¡Yo soy tu novio, el Matrero!”… Cae el gaucho romanesco y al lado del cadáver queda don Liborio, el triunfo del trabajo, y Pontezuela, la mujer gaucha.


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