Con motivo del décimo aniversario del fallecimiento del maestro Juan Carlos Zorzi, Armando Ayache, publicó en su foro, que coincidentemente cumple 10 años durante este año, un artículo en memoria del director y compositor argentino que dirigió la sinfónica provicnical de Rosario. En el artículo, Ayache recopila comentarios del maestro Zorzi a distintos medios del país.

El Maestro Juan Carlos Zorzi falleció el 21 de agosto de 1999.

Hoy se cumplen diez años de su fallecimiento y coincide con el 10º Aniversario del Forum.
Formaba parte de sus pensamientos y preocupaciones fundamentales:

PROCLAMA DEL MOVIMIENTO PERMANENTE:

1) – Erradicar: La Pobreza – La Ignorancia
2) – Superar: El Egoísmo, La Envidia y Los Celos
3) – Practicar y Alentar: El Amor al Prójimo, el Trabajo y La Creación

PÓNGASE EN MARCHA, UNASE
Juan Carlos Zorzi

Maestro JUAN CARLOS ZORZI – Actualidad de su pensamiento a diez años de su muerte
El día 29 de octubre de 1982, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo su dirección, interpretó la 9ª Sinfonía de Beethoven, en la ciudad de Resistencia (Chaco) y en una entrevista realizada por Mila Dosso y Julio Enríquez, publicada el 7 de noviembre, en el diario «Norte», entre otros valiosos pensamientos, bajo el título «El artista debe hablar para todos», expresó:
«…El país está todavía en una edad que podríamos llamar pedagógica. Unicamente con un pueblo con conceptos, con horizontes amplios y abiertos –y eso se logra solamente con cultura, no con armas– podremos encontrarnos con nuestro destino. Mucha gente cree todavía que la música es sólo un placer auditivo. Mucho más que eso, la música es una de las formas del pensamiento. Utilizo la música como puedo utilizar la palabra o la pintura para comunicarme con los demás. No hay ningún compositor en toda la historia de la humanidad cuyo deseo no haya sido comunicarse, manifestar una idea. Es muy típico el ejemplo de Beethoven; ocupó para su novena sinfonía el texto de Schiller que es muy claro: es un canto de amor a sus hermanos, a la humanidad entera. Es evidente que el deseo del gran sordo era que la humanidad lo escuche.

«No hay sectarismos ni concepciones elitistas y nadie tiene por qué sentirse dueño del arte, ni más exquisito que otros para merecerlo. Es un mensaje que tiene a todos por destinatarios, y la responsabilidad primera de difundirlo es nuestra. Por eso estoy acá. Yo soy simplemente alguien más que tiene que estar al servicio de algo. La segunda instancia es el destinatario. Sucede aquí lo mismo que en la fe: el que tenga oídos y quiera oír…
«Hay que abrir el oído interior, abrir el alma…poco importa si el público tiene cultura en el sentido de haber consumido muchos libros. Lo que importa es que se entregue. De lo contrario, aunque sea doctor de la Universidad de Maguncia, yo no le podré dejar nada. No hagamos esas absurdas divisiones: todos los públicos pueden percibir con igual intensidad si usted va a ellos creyendo en ellos. Si usted los subestima es suyo el problema. El artista debe hablar para todos, y para ello no necesita de salones alfombrados ni de señores graduados.
«¿Puede ejercer el sacerdocio quien piensa que las almas llevan apellidos o se distinguen por sus propiedades?. El arte es un acto de fe, un acto de amor. ¿Qué es la fe sino un acto de amor?. Ninguna religión enseña que hay que matar al vecino. Ni Cristo, ni Buda, ni Mahoma, lo dijeron. ¿Quién nos enseñó entonces a matarnos mutuamente? Nosotros. Somos nosotros quienes desvirtuamos las ideas en función de intereses bastante dudosos»…
…»El fundamento de la educación debiera ser la formación del ser humano. La gestación de una cultura humana. Y eso no se logra enseñando donde está el río Orinoco o que dos más dos es cuatro…Eso no es Cultura. El hombre culto no es el que se tragó la biblioteca nacional entera. Ese puede ser Dillinger. No olvidemos a Einstein, el gran sabio, cuando después de Hiroshima se preguntó con horror ¿para esto sirvió? El conocimiento no sirve para nada si usted lo usa para la destrucción y el envilecimiento. El hombre culto es el que sabe usarlos para contribuir al bien social.
Reivindica en sus actitudes un profundo sentido religioso que no esquematiza en dogma alguno: «No hace falta. Dios es una idea, la idea Perfecta y como tal no admite dibujos ni contornos»…
Le preguntaron si sus obras están editadas, si hay difusión para el creador argentino, su respuesta fue dura: «En la Argentina no se edita ni preocupa el pensamiento argentino. Se edita el pensamiento de los otros. Hay una superstición en nuestro país que cree que todo lo que viene de afuera es mejor que lo nuestro. Esto nos ha costado muy caro, y no es una superstición de ahora, es una perdición de siempre…»
Criticó ácidamente la pasividad de los argentinos y no aceptó que hubiera «algunos culpables»: «En la Argentina hay 28 millones de culpables, tres de los cuales estamos en esta mesa…»
Hablaron de la libertad y del miedo. Aseguró que el miedo es el gran invento del hombre para sabotear al hombre. «Si Dios hizo el día y la noche ¿porqué habría yo de temerle a la oscuridad?»
«Este es mi pensamiento. Aquí o en Marte. Si por miedo o por comodidad lo mutilo habré perdido el respeto por Juan Carlos Zorzi. Y quien no se respeta a sí mismo no merece la condición humana».
Resulta interesante mencionar algunas de las respuestas del Maestro en otra entrevista publicada en el diario «La Capital» de Rosario, el 10-07-1983:
¿Usted cree que la música clásica es popular? –
«Le aclaro que para mí sólo existe la música de calidad, muy buena o muy mala o simplemente intrascendente. La música clásica es un período histórico que abarca desde mediados del siglo XVIII a mediados del XIX. La mal llamada música clásica no es popular porque a la gente le falta información».
-¿No la entiende? – Todo el mundo puede entender a Beethoven,…»
-¿La música es un arte universal o tiene relación con la soberanía? –
«La música es un arte universal. Siempre me emocionó una frase muy hermosa que dice: retrata tu aldea y serás universal».
– ¿Qué actitud exige usted de la persona que escucha sus conciertos? –
«Al público le diría que se entregue, que no venga con prejuicios, que abra su alma. Si usted abre su alma (así como le llegó el mensaje de Cristo) le llegará el mensaje de Beethoven, Tchaikovsky o por que no, Shakespeare».
Hasta aquí su pensamiento surge de sus propias palabras. Permanecí muy cerca de él y lo tengo presente en todo momento, con el profundo convencimiento de que no sólo fue un gran compositor y un brillante director de orquesta. Nunca permaneció al margen de la realidad social. Asumió su compromiso en la lucha diaria para su mejoramiento. Vienen a mi memoria las palabras de Deodoro Roca (1): «El universitario puro, es una monstruosidad social».
Juan Carlos Zorzi, era un auténtico humanista.

(1) : (1890-1942), «El argentino más eminente que conocí» (Ortega y Gasset), fue un gran jurista y humanista, redactor del manifiesto liminar «La juventud universitaria de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica» del 21-06-1918 y alma mater del Movimiento Reformista.
En su memoria también estimo pertinente reiterar parcialmente los términos contenidos en mi mensaje a este Forum «El nacionalismo musical» del 24-05-2003:
Como aporte al tema, estimo conveniente recordar las circunstancias y comentarios que rodearon los estrenos de la óperas «Antígona Velez» y «Don Juan» del compositor y director argentino Mtro. Juan Carlos Zorzi, ambas tragedias líricas basadas en obras teatrales homónimas de Leopoldo Marechal y libretos de Javier Collazo, en el Teatro Colón el 17-12-1991 y 30-10-1998 respectivamente.
El autor, en una entrevista de Héctor Coda (diario «La Nación» , 17-12-1991) en relación a la parte musical, expresó: «Yo no hago folklore; en realidad el folklore es una creación colectiva y anónima. Lo hace el pueblo mismo. Me muevo dentro de mi lenguaje acostumbrado, el pandiatonismo, los espejos interválicos, etcétera. No me avengo a los códigos dodecafónicos o de otra índole. Hemos preferido la cantabilidad; la partitura orquestal crea una atmósfera dramática al servicio del cantante.
«Busco un camino auténtico, <> lo nacional, un poco a la manera de Bartok, que reeditó el espíritu y los modos de la tradición magyar. También aquí busco una interacción del <> argentino y los moldes universales.»

Un detalle negativo que cabe recordar, es la fecha establecida para el estreno, fines de diciembre, totalmente fuera de temporada. Bajo el título: Excelente «Antígona» en el Colón, de Juan Carlos Montero (diario citado, 19-12-1991) «in fine» dice: …»el estreno de «Antígona Velez» de Zorzi, se constituyó en un acontecimiento de incuestionable jerarquía como lo demostró, por otra parte, el cálido aplauso que le brindó el público. Aunque muy raleado, lamentable circunstancia que no hubiera ocurrido en otro momento de la temporada. La enjundia de la obra y su magnífica presentación merecían un lleno total».

Del comentario de Abel López Iturbe: «Se lució el Colón con la Antígona» («Ámbito Financiero», 19-12-1991) resalto:
…Por supuesto, no es apta para reaccionarios ni para aquellos que rechazan a priori la creación argentina -de los que tenemos demasiados- … Este estreno fue, como el de «La consagración de la primavera», menos escandaloso pero igualmente significativo. Algunos se fueron de la sala fastidiados, otros aplaudieron de pie y ofrendaron sus bravos.»

En el artículo «Un Don Juan argentino», Juan Carlos Montero («La Nación» 29-10-1998) le pregunta a Zorzi -¿Es una obra auténticamente nacional o es de corte universal? –

«Es profundamente nacional. La acción tiene lugar en la Mesopotamia. Es el mismo planteo que Marechal hizo en «Antígona Velez». Un personaje mítico, en cierta manera, como en el caso de Don Juan, universal, que puede estar en la China o en otro lugar del mundo, y por eso mismo también en la Argentina…¿por qué no? Pero voy aún más lejos. Es nacional también…»

-Con alguna frecuencia se escucha decir que no existe, en el terreno de la ópera, una auténtica creación nacional de envergadura. ¿Usted comparte esa opinión? -»

No en absoluto. Creo sí en la existencia de una línea nacional definida. Sólo que la hemos perdido y si no la retomamos a tiempo estaremos perdidos y desapareceremos. No por eso pretendo hacer demagogia, no pretendo abaratar el producto. Muchos creen que porque se intenta hacer algo nacional, y reitero que espero haberlo logrado, se desmerece la creación artística. Porque a nosotros se nos ha metido en la cabeza que todo lo bueno viene de afuera. De ninguna manera, porque lo nuestro tiene un valor intrínseco por sí, y no hay que acomplejarse y ver fantasmas…» Y, sobre todo, al compositor le sigue preocupando la falta de conocimiento que se tiene del repertorio argentino.

«¿Qué hacemos por nuestro público, para que pueda conocer la creación nacional? -se pregunta-: nada. Y esto es el resultado de toda una concepción atroz que impera en el país desde hace mucho. El asunto es que cuando un pueblo pierde su identidad nacional es presa fácil de los intereses apócrifos que dominan en el planeta», concluye.

El excelente comentario de Juan Carlos Montero «Don Juan», la voz de un mito; publicado en el mismo diario con posterioridad al estreno, no tiene desperdicio, del cual me interesa rescatar: ..»El público del gran abono, con las habituales e incomprensibles deserciones que provoca un estreno de autor nacional…». «Es que, indudablemente, se apreció un esfuerzo muy grande de realización y un aporte genuino, sincero y concluyente del autor para apuntalar la materialización de una opera auténticamente nacional, a partir de la utilización de elementos vernáculos…»

Abel López Iturbe (Ámbito Financiero» del 03-11-98) bajo el título «La buena ópera nacional no encuentra su público» comienza diciendo: «Una vez más la ópera argentina en su pelea por encontrar un sitio en su lugar de origen y falta mucho para que se ubique en el plano internacional…Pero cuando son sus primeros destinatarios quienes la tratan con desdén, el género deberá esperar que maduren y alguna vez cambie la sintonía de aquellos para los que <> y le prestan su emoción a la Jenufa (que sucede en la campiña morava y asesinan niños en el molino) pero se la niegan a «Antígona Velez», «Aurora»; censuraron a «Bomarzo». Ahora miran de reojo y sólo invierten un cuarto de la capacidad de percibir al «Don Juan» de las pampas áridas y fatalistas.»

«En efecto, muchos abonados eligieron quedarse en casa y no dar su apoyo a la creación local, y de los que llegaron al teatro, sigilosamente aprovecharon los intervalos para ir a cenar más temprano sin importarles cómo termina la obra, sin valorar el esfuerzo tremendo que supone todo un proceso…»

La lectura completa de los artículos citados son de gran utilidad para una mejor y más clara comprensión del tema.

Juan Carlos Zorzi falleció en la Ciudad de Buenos Aires el 21 de agosto de 1999 a los 64 años.

Quiero recordar lo publicado en el diario «Clarín» al día siguiente, bajo el título «Murió un gran director y compositor» que, entre otros conceptos, decía: » ….Lejos de la imagen acartonada del músico de frac, Zorzi fue un porteño apasionado, carismático…..Solía desafiar la etiqueta cuando terminaba sus conciertos con un entusiasta «¡viva la patria!».

De la nota de Juan Carlos Montero, en el diario «La Nación» (23-08-99) rescato lo siguiente:
«Con la muerte de Juan Carlos Zorzi….no sólo se ha perdido a uno de los músicos relevantes de Buenos Aires, sino que además, toda la República ha quedado huérfana de uno de sus ignorados patriotas que con pasión, lealtad ….hicieron de su vida la razón de ser para encontrar la auténtica identidad nacional.» …»…la desaparición de esta aplaudida figura de la música argentina provoca un vacío significativo que entristece profundamente, porque más allá del artista y del creador que tenía por delante el gran período de la madurez se fue un hombre que amó profundamente a su Argentina e hizo de esa pasión una filosofía que sólo conocieron en su justa dimensión quienes pudieron deleitarse con sus amenas charlas, que siempre estaban regadas de ironía y buena cuota de ácido humor».

En Rosario y en otros lugares de la provincia, durante largos años acompañé al Maestro en sus innumerables charlas y conferencias (todas ad honorem) donde con gran claridad señalaba el contenido humano del mensaje musical. Siempre se jugó asumiendo riesgos en defensa de lo nacional.

No se cansaba de repetir: «La música no sólo requiere del esfuerzo del compositor y del ejecutante, sino que el oyente también debe hacer su propio esfuerzo». Su batuta eran sus manos, dirigía de memoria la mayoría de sus conciertos y al finalizar alzaba la partitura en homenaje al compositor.

Como Director de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario realizó el ciclo completo de las sinfonías de Beethoven, Brahms, Tchaikovsky y por primera vez en Sudamérica las de Jan Sibelius en 1984. También fue Director Titular de las Orquesta Sinfónica Nacional, Orquesta Sinfónica de la Universidad de Cuyo, Orquesta Sinfónica de la Universidad de Tucumán, Orquesta Sinfónica de Córdoba, Filarmónica de Chile y como director invitado en diversas orquestas de Estados Unidos, Europa y América Latina.

Durante los años 1974-75 fue director artístico del Teatro Argentino de La Plata. Por su labor de difusión de las obras de compositores argentinos, mereció el premio «San Francisco Solano».

Hace unos años, el desaparecido compositor y fundador de la Organización Gerard, Prof. Werner Wagner, con referencia a las obras actuales de los compositores argentinos, me expresó: «Estreno mundial y certificado de defunción al mismo tiempo»

¿Pasará lo mismo con las obras de Zorzi?


Armando J. Ayache
Rosario, 21 de agosto de 2009

21 de agosto de 2009
Rosario – Argentina


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