«Luchó siempre por la libertad de su arte y  de su vida…» Hoy murió en München, Alemania, la gran bailarina clásica rusa Maia Plisetskaya. Tenía una gran técnica que funcionaba como vehículo de su fuerza interpretativa. Una gran comunicadora en el escenario a través de la estética de la danza.  Su historia familiar fué muy triste y durante mucho tiempo el veto del gobierno soviético no le permitió viajar al exterior por sus antecedentes parentales. A mediados de los años 70 llegó a la Argentina, por Canal 7 transmitían sus funciones con Carmen, Bolero, La muerte del Cisne, La rose malade.  No puedo evitar la emoción porque me remonta a recuerdos personales en los  que muchos podrían coincidir. Los invito a recordarla en algunos videos, a conocer algo de su historia y a dejar su comentario al finalizar el artículo.

Maia rostroSu corazón no resistió, sufrió una crisis cardíaca, comprensible si conocemos lo que fue su vida colmada de emociones tanto por el Arte que la rodeaba como por injusticias irracionales que azotaron su tierra natal.
Me resulta natural recordar su llegada a la Argentina y la reunión de mi familia alrededor de la pantalla en blanco y negro tratando de sintonizar Canal 7 que se veía con «lluvia» y para evitarla mi mamá le pedía a mi papá que subiera a la terraza y orientara la antena, justo cuando la imagen se mejoraba arrancaban los acordes de la «Aragonesa» de Carmen, mientras gritábamos «ahí está, dejalá ahi que empezó». Y allí estábamos todos reunidos atentos solo a los movimientos de esta bailarina rusa que nos conmovía.

Llegó a nuestro país en 1975 en aquella oportunidad bailaba «Carmen» música de Bizet y de su esposo – también ruso, Rodion Shchedrin,  con coreografía de Alberto Alonso. Maia le había pedido a Shostakovich que escribiera música para una Carmen para ballet, el compositor se rehusó. Cuando el Ballet Nacional de Cuba visitaba Rusia, la madre de Maia la alentó para que fuera a hablar con el coreógrafo de la compañía cubana: Alberto Alonso y fué allí que lo convenció. Al tiempo el cubano volvió a Moscú a trabajar y a enseñarle a Maia el rol y la coreografía pero faltaba la música y allí ingresa en la historia  quien fuera su esposo el compositor Schedrin quien después de analizar la novela de Carmen se convenció de no poder escribir nada nuevo para la historia que no fuera resaltar la música de Bizet y por ello llamó a su trabajo: «un encuentro creativo de mentes» cuando definió la suite. Además su tío Boris Messerer pintó los decorados. Así Carmen dió la vuelta al mundo no solo con la gran bailarina rusa, también pasó a integrar el repertorio de las grandes compañías de ballet.

Maia Dying SwanLa muerte del cisne es una expresión  legendaria si tenemos en cuenta que a la música de Camile Saint Säens la acompañó la coreografía de Michel Fokine (1880-1942) nada menos que para la otra grande: Anna Pavlova. Cuando a Maia Plisetskaya le llegó el momento de interpretar a ese cisne que desfallece, su tía la coreógrafa Messerer le realizó cambios a la coreografía original y la convirtió en una de las más conmovedoras representaciones.

Entre los logros de  Maia  se cuenta el de haberse atrevido a romper las rutinas soviéticas de ballet, incorporando danza moderna y trabajando con coreógrafos como Alberto Alonso, Maurice Béjart y Roland Petit, que crearon varias piezas para ella como «Carmen», «Isadora» y «La rose malade».Con su talento luchó contra un teatro implacable y burócrata (el Bolshoi).

María Josefina Bertossi
2 de mayo de 2015
Rosario – Santa Fé – Argentina

A continuación Informe de la Agencia Télam:
La noticia fue difundida por el director general del Bolshoi, Vladimir Urin, a la cadena de televisión Rossiya-24.

«Ella murió de un paro cardíaco. Los médicos lucharon para salvarla, pero no pudieron hacer nada», dijo Urin a la cadena de TV rusa, al tiempo que adelantó que los restos de Plisetskaya serían trasladados en las próximas horas a Moscú para ser inhumados.

Por su parte el servicio de prensa del Kremlin dijo que el presidente ruso, Vladimir Putin, envió sentidas condolencias a los familiares y allegados de la célebre artista.

Plisetskaya había nacido el 20 de noviembre de 1925 en Moscú, y su esposo, el compositor Rodion Shchedrin, junto a otras personalidades de la música clásica, estaban preparando una gran función de homenaje para cuando cumpliera sus 90 años dentro de seis meses.

Nacida en épocas de la Unión Soviética, Plisetskaya tuvo una infancia con un ambiente familiar difícil, ya que su padre Mijaíl Plisetski, de origen judío, fue ejecutado por orden de Josef Stalin en 1938, y su madre la actriz Rachel Messerer, también judía, fue deportada con su hermano a un gulag (campo de trabajos forzados).

Había ingresado al mundo del ballet con sólo tres años de edad, en la Escuela de Danza de Moscú y recibió la influencia de sus tíos Asaf y Sulamith Messerer, ambos bailarines del Bolshoi, a cuya compañía se unió Plisetskaya en 1943, convirtiéndose en primera bailarina con sólo 18 años, cuando inició su carrera profesional interpretando La muerte del cisne.

Después de padecer años de veto gubernamental por sus antecedentes familiares, fue autorizada a emprender giras internacionales durante las que bailó en los principales teatros de Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Italia (entre muchos otros) siendo incluso en éste último directora del Ballet de la Ópera de Roma.

También deslumbró en la Argentina donde actuó con gran éxito de crítica y público en el Teatro Colón entre 1975 y 1976.

Cuando Plisetskaya cumplió 80 años, en 2005, se celebró en Moscú una semana completa de actividades relativas a la danza y el arte en homenaje a su trayectoria.

Extracto de diario El país de España:
«A Plisétskaya le ha sorprendido la muerte haciendo las maletas para desplazarse a Lucerna (Suiza), donde el próximo 15 de mayo iba a recibir el primero de una serie de homenajes que culminarían en Londres en noviembre, con motivo de su 90 cumpleaños. Plisétskaya pasó por España y dejó la huella que le permitieron: dirigió el Ballet del Teatro Lírico Nacional entre 1987 y 1990 y luchó por recuperar el perdido patrimonio de la danza académica española. Fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2005 junto a la también bailarina Tamara Rojo. Se le concedió la Medalla de Oro de Bellas Artes y desde 1993 tenía la nacionalidad española.»

 


 

 

 

 

 

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