Esa fue la frase que con orgullo expresó el Maestro David del Pino, al público que ocupó completamente la Sala principal del Teatro El Círculo, anoche 7 de diciembre.  Un programa que dejó apreciar la versatilidad de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario, que transitó desde el clasicismo de Beethoven a la música para ballet y la ópera de Tchaikowski y luego, Rimski Korsakov. Fue una función colmada de emoción, esa emoción fuerte, propia de la tarea bien hecha que se termina para comenzar otra. Allí, también, fue presentado el nuevo director que se hará cargo de la orquesta en 2023.

El programa sabiamente elegido, expuso a todas las secciones de la orquesta.
La primera parte con el Concierto Nro. 4 para Piano de Beethoven, una obra tan admirable como compleja, contó con la precisión del pianista Fernando Pérez, y la orquesta junto a él, intepretando con el mejor estilo esa simbólica obra del clasicismo. Ante el persistente aplauso del público y miembros de la orquesta, el maestro Pérez, interpretó, fuera de programa, Danza Cubana de Ernesto Lecuona.

La segunda parte fue conmovedora porque comenzó con el agradecimiento del maestro del Pino a todos aquellos que trabajan detrás de escen, técnicos y administrativos de la orquesta, al personal del teatro en todos sus rubros, al Coro de la Opera de Rosario y a su director, Horacio Castillo. Finalmente, agradeció al público por el acompañamiento constante en cada función.

Esa función,  era su depedida y no la personalizó, la llenó de agradecimiento infinito. Y es que el maestro del Pino en 2018, atravesó una situación de salud delicada, pasajera, que llevó su tiempo para que pasara, y los músicos de la orquesta se turnaban para acompañarlo en su internación. Eso habla claramente de la consideración que tuvieron los integrantes de la orquesta pero también habla del respeto y estima que el propio maestro supo generar con ellos.

En este concierto despedida, en el que se esforzaba para alejarse de situaciones melancólicas, tuvo la generosidad, la gentileza y caballerosidad de invitar y presentar en el escenario a quien a partir del 2023 será quien ocupe su lugar: el maestro Javier Mas.

La segunda parte con obras como la Suite de Cascanueces o Capricho Español por ser más populares, pueden ser, para algunos, «livianas», sin embargo no hay que perder de vista que el público en su mayoría las conoce, como vulgarmente diríamos la «tiene en la oreja» , y por lo tanto, fácilmente podría advertir un error, si lo hubiera. Justamente con esa sabiduría popular, el público advirtió unas versiones impecables que nos recordaban las grabaciones de legendarias orquestas que acostumbrábamos a escuchar. Como señalábamos anteriormente,  se lucieron todos los instrumentos, hubo pasajes con «tempi» vertiginosos que se escucharon con tanta seguridad como en la Danza Rusa de El Cascanueces. De Tchaikowski también estaba programado el Vals de Eugenio Oneguin que contó con la participación del Coro de la Opera de Rosario. Ubicado en los palcos bajos de la sala, desde allí no solo se sumó con sus voces a esta despedida sino también, con su aplauso al director con quien compartieron varios repertorios.

¡Qué difícil irse! dejando tanto afecto, creo que eso pensaba este maestro que le ha dado a la Sinfónica de Rosario años de excelente calidad musical.
Los músicos estaban felices de despedirlo con el mejor regalo, tocar con garra, atención, entusiasmo y logrando el mejor resultado.

Y para cerrar una noche de excelente música y emociones, cruzando el empedrado, escucho a un niño de la mano de su mamá y su hermano, tarareando la Danza del Hada Confite.

 

María Josefina Bertossi
Publicado el 8 de diciembre de 2022
en Rosario – Santa Fe – Argentina

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