La ópera es el género que une y suma más disciplinas y funciones en el teatro. Por eso, no faltan las voces de niños en muchos de sus títulos. Ese es el caso de «Mefistofele» de Arigo Boito, que de acuerdo a la partitura, las voces de los niños tienen dos participaciones como cherubines en el Prólogo y en el Epílogo (en la función de anoche las cumplieron con muy buenos resultados). En esta puesta de Opera de Rosario son en total 36 niños y niñas de edades variadas. Para participar dan una prueba de admisión que organiza su preparadora, Morena Sánchez Mastrángelo, ex niña coreuta de la Opera.

 

Morena Sánchez Mastrángelo, preparadora de este grupo de voces Ad Hoc, está a punto de obtener su títuulo de grado como Profesora de Educación Musical en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario. Fue niña coreuta debutando en la puesta de I Pagliacci de 2006, luego como tal siguió con La Bohème, Carmen y otros títulos producidos por Opera de Rosario. Más tarde, integró el coro de la Opera de Rosario. En 2016, con la última versión de Carmen fue la asistente de dirección del Maestro Jorge Ferrari. Luego, fue convocada para preparar los fragmentos donde participaban los coros de niños en los últimos títulos de las producciones de Opera de Rosario.

El Coro de Niños lo organizamos para cada ópera, no es estable. En principio me dicen el título de ópera que necesitará coro de Niños. Desde el 2016 hay un grupo de chicas y chicos que vienen cantando regularmente y cuando tenemos un título con niños les aviso, a veces hay algunos que se bajan y luego vuelven para otro título. La mitad de ellos ya son grandes y esta (Mesfistófeles) será su última actuación en el Coro de Niños. De los 36 coreutas, en estas funciones, cantan todos pero solo la mitad sale a escena rotando en cada una de las dos funciones”, así, Morena nos relata el trabajo con estas muy jóvenes voces.

 

Integrante del Coro de Niños.

Para este año particularmente, le pidieron un número de entre 35 y 40 coreutas y para reunirlo llamó a audición. Esta joven directora se reconoce exigente y por eso en la prueba de admisión, a los postulantes, los invitó a vocalizar, ensayar líneas a dos voces y pasajes donde la atención y coordinación rítmica son importantes.

 

 

 

 

El trabajo de ensayo se completa con la práctica de la letra que siempre es en idioma extranjero: “ensayamos la velocidad, la cambiamos, remarcamos las articulaciones. En esta ópera hay varios pasajes a dos voces y la velocidad es importante en este título, además de entradas fantasmas terribles”

Se nos hace inevitable preguntarle cuanto de aquella experiencia como niña coreuta le sirve hoy al liderar a este grupo: “Siempre me gusta enseñarles cuestiones puntuales. Saber comportarse estando dentro de una puesta de ópera, este lleva un tiempo porque hay muchos integrantes que debutan. Segundo, les señalo que primero se canta después se actúa, siempre mirar la mano del director, todo el tiempo; mirar para adelante, cantar sin vergüenza”.

“Yo me acuerdo de cuando me tocó estar en ese lugar, ahora los escucho cuando están esperando y se ponen a cantar la parte de los solistas, cosas que nosotros hacíamos también. En mi caso yo siempre fui muy obediente y hoy a veces cuesta un poco que los chicos incorporen los hábitos de esperar tranquilos y en silencio el turno para actuar, pienso que lo irán internalizando a medida que pase el tiempo.”

 

María josefina Bertossi
18 de octubre de 2019
Rosario – Santa Fe – Argentina

 

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