Mauricio Barra
Mauricio Barra comenzó su formación musical en Rosario donde siendo muy joven tuvo sus primeras experiencias como director. Continuó con maestros en Buenos Aires ,y dirigió y enseñó en la Universidad de Perugia, Italia y en Corea. De regreso en Rosario, entre otras actividades, dirigirá el coro de ARDAL, tiene intenciones de implementar aquí mucha de la experiencia recogida en estos 10 años en el extranjero.

Ha trabajado en Alemania, en Dubai, España, Rumania y Corea. Recuerda con cariño y agradecimiento sus primeros años dirigiendo el coro lírico y el apoyo recibido por las personas que en aquel tiempo lo alentaron y ayudaron a desarrollarse como director.

¿Cómo fueron los comienzos con la música?
Mauricio Barra: A los 16 años uno de mis maestros Daniel Garroq y otro maestro, Carlos Gantus (que dirigía el coro de la Dante Alighieri donde yo cantaba) descubrieron que lo que más me gustaba era la orquesta y me aconsejaron estudiar composición con el maestro Alfredo Alica. A través del maestro Alica empezamos a trabajar con Juan Carlos Novero y Jorge Medín, más tarde el Coro Lírico Rosario necesitaba un director y el maestro Alica me recomendó, ya allí empecé a relacionarme con los cantantes de Bs As. Finalemente llegó la oportunidad para preparar el coro de Otello (1994), nadie lo quería hacer, yo hablé con el maestro Bruno D` astoli (que luego fue el director de orquesta) y a él le pareció que podía hacerlo. Fue una gran experiencia porque trabajábamos junto a grandes maestros.

Mauricio Barra junto a Fabio Alvarez, vicepresidente de ARDAL

¿Y luego El Colón?
M. B.: Después de eso empecé a trabajar con los maestros del Teatro Colón acompañando y enseñando repertorio, luego, ya en el teatro tuve la oportunidad de acceder a un conocimiento que yo no tenía, muy especialmente con Sorrenti y su señora, ellos habían cantado con todos los grandes como Birgit Nilsson, Victoria de los Angeles, los había dirigido, por ejemplo Tulio Boni, así que nunca desaprovechaba las conversaciones con ellos para aprender todo lo relacionado con la ópera. En ese momento recuerdo al coro del Teatro Colón con un gran nivel donde cada integrante era un solista, estar a lado de esos músicos con semejante experiencia aporta mucho y a mi, me aportó.

¿A qué se debió la salida al exterior?
M. B.: Uno de los alumnos se anotó en un concurso en Londres y yo era su acompañante, de allí fuimos a Milán, a la «Scala», donde conocimos a Renata Scotto. Estando en Milán la Fundación Mario del Mónaco me ofreció el primer trabajo en la Academia Cittá de Cagli para enseñar a los cantantes, allí entré en relación con los maestros de la Scala y de la Opera de Firenze.
Luego en Perugia me ofrecieron la dirección de la Academia de la Dirección Musical Italiana (allí tenemos orquesta cámara y orquesta sinfónica). Uno de los grandes maestros, elmaestro Vanzini, tenía mucos alumnos coreanos, el trato con ellos hizo sque ellos me llamaran para hacer el primer master con las universidades de Corea, luego se firmó un convenio y los masters ya comenzaron a celebrarse anualmente.

¿Cómo ha sido trabajar en un país oriental con las diferencias culturales entre ellos y nosotros?
M. B.: La mentalidad de ellos es muy distinta de la nuestra, cuando digo nuestra digo la argentina y la europea. Por ejemplo, en Corea habían preparado la historia del aria de ópera, hicieron escenas de ópera de La Traviata, Carmen, otras de Puccini como Turandot, pequeñas escenas que se les explicaban al público, para eso preparé la orquesta y me ocupé de la regie, porque tanto en Italia como en Corea te exigen conocer tanto lo musical como lo escénico, entonces eso te obliga a prepararte de esa manera porque llegan otros que sí lo saben hacer y ocupan el lugar del que no lo sabe.

¿¿Hay mucha competencia?
M. B.: Sí, pero no se siente, no hay discusiones ni con la orquesta ni con nadie. Si el ensayo es a las 9 de la mañana los músicos llegan entre las 8:30 y las 9:00. Del centro al Norte de Italia está todo muy organizado, un poco menos en el sur. Con solistas de Corea hicimos giras por Italia, para que ellos aprendieran cantando, hoy ya son solistas del ópera de Seúl. Fue muy importante para ellos ese aprendizaje porque salieron de la habitación de 4 x 4 en la clase con el maestro. Por eso, las clases de repertorio yo las he dado en la sala mayor del teatro para que se acostumbraran a la diferencia entre una sala chica y una grande.

Volviendo al aspecto de las diferencias culturales ¿cuáles son sus dificultades a la hora de estudiar la música occidental? ?
M. B.: Los alumnos coreanos que tuve en Italia, son profesores en la universidad en Corea y ellos me ayudaron con las traducciones, yo hablaba en italiano y ellos traducían, sin embargo a veces metí la pata, hay cuestiones culturales que respetar como por ejemplo no besar a las mujeres, o recibir una copa devolverla llena y con las dos manos, a veces me informaban a tiempo y otras a destiempo.
A los ensayos y a los conciertos la gente entra descalza, los pisos siempre están tibios porque tienen calor debajo, las medias curiosamente nunca se ensucian. El teatro y las universidades, como todo lo que hace a la vida cotidiana, cuentan con toda la tecnología y especialmente tienen respeto, limpieza y la vocación para el estudio de algo para lo que culturalmente no están preparados: el canto lírico. Su lengua es muy gutural y por lo tanto el problema que tienen es que cierran mucho la laringe o cantan con mucha presión, cuando descubren el canto libre tienen más posibilidades que cualquiera porque hasta enfermos cantan, y toman los compromisos y los cumplen hasta el final. Y por supuesto estudian mucho, cosa que no todos hacen.
He observado que no a todos los argentinos les gusta estudiar, encontré la excepción gracias a Maximiliano Cañas quien lo contactó con otro rosarino, Edgardo Rinaldi.
Hemos trabajado juntos, es muy responsable, en Italia lo respetan mucho , lo han contratado mucho en Génova, es contratado constantemente, nunca abandona un proyecto. Con él trabajamos en un lied de Strauss con la orquesta en Perugia.Su estilo es muy apreciado en Italia.

¿En principio cuál será tu actividad aquí en Rosario?
M. B.: Aquí dirigiré el coro de ARDAL y así organizar conciertos, colaborando y por qué no, trayendo cantantes extranjeros, me gustaría hacer un puente entre la gente de Rosario y el exterior, ese es el complemento que falta, así, y a través de convenios y concursos darle esa oportunidad a quien más lo merezca.

Yo quiero dar todo ese conocimiento a la gente de acá. ARDAL ya no es el mismo ARDAL de cuando se fundó, ni el de hace 20 años, está mucho más abierto, con vocación de concursos, con otra mentalidad, por lo tanto conociéndonos, uniendo fuerzas entre las instituciones, y no dejando el esfuerzo en una sola persona se pueden lograr muchas cosas.
Mi idea es hacer aquí un convenio entre Rosario y las universidades de Italia y Corea, no necesariamente tiene que ser universidad sino una institución que pueda aportar para este convenio. Recientemente entre la Universidad de Perugia que cumplió 700 años, y la Universidad de Andong (Corea) se celebró un convenio de cooperación internacional .


Firma del convenio en Perugia entre la Universidad de Perugia que cumplió 700 años, y la Universidad de Andong (Corea


María Josefina Bertossi
21 de Febrero de 2008
Rosario – Argentina


Durante la entrevista


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